Tuesday, May 15, 2012

Dos pasos adelante, un paso atrás ...

Sólo faltan 25 días para que salgamos de aquí, y estamos más o menos en el mismo punto de partida ... Ayer, Dilcia, su madre Teresa, Selvin, el bebé de seis meses, y yo fuimos al Juzgado de la Niñez en Santa Rosa de Copán para pedir una autorización para obtener un pasaporte para Dilcia y para mí para ser su tutor para la duración de nuestro viaje a España. La autorización de ambos padres es necesaria para esto, pero como el padre de Dilcia ya no está (se fue de Honduras hace unos seis años), necesitamos el permiso de un juez. Todo el viaje a España depende básicamente de este juez, ya que nos estará dando permiso o no, por lo que fue un día importante.

Llámame compulsiva u obsesiva, pero a mí me gustan las cosas bien organizadas. Así que el lunes por la mañana tenía todo el papeleo más que listo, un conjunto de ropa decente (sin manchas de pintura) ya preparado, y me levanté temprano para llevar a mi perro en una larga caminata antes de encerrarla para el resto del día. La caminata era una delicia, pero justo cuando acabé de cruzar el puente que da la entrada al pueblo, me torcí el tobillo, perdí el equilibrio e hice un salto espectacular hacia delante, rozando los brazos y una pierna sobre el piedrín sucio de la calle. ¡M**rd*!!
Así que en lugar de tener un desayuno tranquilo, estaba recogiendo piedritas y arena de mi brazo y mano. No fue un bien inicio del día…

El último autobús directo a Santa Rosa sale a las 8.00 am de Copán y Teresa y Dilcia me habían prometido que llegaran puntualmente a las 7.45am a mi casa, a sólo una cuadra de la terminal. Esperé en mi ropa decente y con mi mano en vendas, pero por desgracia nunca llegaron. Llamé a Teresa en su celular y me enteré de que venían sólo por la mitad del camino. Luego el bus ya salió ...
A las 8.40am finalmente llegaron a mi casa. Tuve la tentación de posponer el viaje, pero eso probablemente significaría que todo se repetiría al día siguiente. Así que decidimos tomar el primer bus que salía de Copán, a ver adónde nos llevara.
Por suerte, el primer bus para salir no era uno de esos busitos que tiene 20 asientos, pero asientan 40, sino un bus grande y regular. Incluso tuvimos un asiento entero cada una. Sin embargo, nuestra suerte cambió cuando llegamos a La Entrada (¡un tiempo récord de 2 horas! ¡Este viaje normalmente no toma más de 45 minutos en un carro normal!). Un bus "directo" a Santa Rosa ya estaba esperando, pero estaba lleno y estuvimos de pie todo el viaje, Teresa balanceándose al bebé en un brazo, Dilcia haciendo todo lo posible por no vomitar, y sosteniéndome con una mano sana, manteniendo el equilibrio sobre el pie que no había torcido.

Pero llegamos. Justo antes del 1 de la tarde, llegamos al Juzgado de la Niñez, donde nos enteramos de que el juez no había regresado del almuerzo, así que hicimos un pequeño recorrido por parque central, a sólo una cuadra, porque fue la primera vez para Dilcia y Teresa que visitaran Santa Rosa de Copán. Quince minutos más tarde nos presentamos de nuevo en el Juzgado de la Niñez.

El juez no había vuelto todavía, y la secretaria no era nada amable. Como tantos burócratas en Honduras (y el resto del mundo también), parecía que su única meta en la vida era hacer que la gente se sienta miserable. Ahora bien, sucede que yo tengo una racha de mala también, y además soy terca como una mula y cuando la mujer se dio cuenta de esto, al fin comenzó a atendernos. Después de explicar por tercera vez la razón por la que estuvimos allí ("No, el padre no pudo venir porque no sabemos dónde está, ¡que es por eso que estamos aquí en primer lugar!"), otra secretaria o asistente jurídica se acercó y nos dijo que podía ayudarnos ya comenzando a llenar el papeleo. Entonces, le pidió a Teresa que viniera detrás del mostrador y luego la llevó detrás de una partición para la entrevista.
Estuvieron fuera de vista, pero las podía escuchar perfectamente, y para mi sorpresa, la mujer estaba pidiendo todo tipo de preguntas acerca del bebé Selvin. Así que grité que necesitábamos pasaporte para Dilcia, ¡no para el bebé! Entonces me pidió que viniera yo también detrás de la partición. ¡Que la fiesta empiece! Al final, Dilcia se quedó sola en la sala de espera durante todo el tiempo, ¡y no le hicieron ni una sola pregunta!

He aprendido ya hace mucho tiempo que en situaciones como esta no se presenta todas las tarjetas desde el principio. Cualquier pedazo de papel que presentas, siempre te piden algo más. Así que empecé por la entrega de la carta oficial del Instituto Hondureño de Antropología e Historia.
-Bueno, dijo la señora. -Eso está bien, pero también se necesita una carta que describe el evento en detalle.
-No hay problema, aquí está!
-... Y una copia del acta de nacimiento de la niña ...
Compruebe!
-... Y otro para la madre ...
-¡Hecho!
-... Y una forma de inscripción ...
Aquí tienes!

Así seguimos, la pila de papel sobre el escritorio cada vez mayor, pero al final me agarraron, como era previsible, cuando me preguntaron por la constancia de estudios de Dilcia. ¡Maldita sea! ¡Esta no tenía!
Pero ese no era el problema más grande. Podríamos obtenerla fácilmente de la directora del colegio y enviarla por correo electrónico al día siguiente. En este momento yo ya había entendido que no íbamos a salir de la oficina con una autorización en nuestras manos de todos modos. Pero eso tampoco debiera ser problema, ya que yo podría autorizar a alguien a recoger la documentación. Tampoco sería un proceso fácil, pero probablemente más cómodo que hacer el viaje otra vez.

A las 14:15 salimos del Juzgado de la Niñez, diciendo adiós a las cuatro mujeres que al fin nos habían ayudado, como si fuéramos loas mejores amigas. Desafortunadamente, el último autobús directo a Copán ya se había ido y no habíamos almorzado aún.
Después de comer algo rápido en el Súper Pollo Express (el sueño de todo campesino, mi mayor pesadilla), nos detuvimos en una farmacia donde compré un pañal desechable para cambiar el pantalón sucio de Selvin, y a continuación nos montamos en un taxi y luego en el bus hacia La Entrada, que, gracias a Dios, estuvo bastante vacía. (Pero no por mucho tiempo ... Veinte minutos más tarde pasamos por un bus que se había arruinado y todos sus pasajeros se amontonaron en nuestro bus). En La Entrada tuvimos que esperar casi una hora para otro bus re-lleno con rumbo a Copán. Y justo cuando pensaba que todo estaba bajo control, que ya no teníamos que cambiar buses ni nada, recibí una llamada del Juzgado de la Niñez. El juez había revisado nuestra documentación y nos dijo que teníamos que llevar dos testigos ante el tribunal para dar un testimonio de que el padre de Dilcia la había dejado desde hace seis años. ¡Ay no! Le pregunté si los testigos podían hacer el testimonio en Copán en frente de un abogado, pero no, ellos tendrían que venir a Santa Rosa de Copán personalmente.

Finalmente llegamos a las 18:15 a Copán. Nuestra amiga Argi había arreglado un taxi para llevar a Teresa, Dilcia y Selvin a casa a esta hora tan tarde para ellos. Yo estaba agotada y para el momento no quería pensar más en los testigos ni en comparecencias ante el tribunal. Que éste sea un problema de mañana. Pero de una u otra manera, significa que tenemos que volver a Santa Rosa ....

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